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Uno de los textos más poéticos y filosóficamente profundos que trata sobre el amor en la historia del pensamiento.

Marsilio Ficino es uno de los eslabones fundamentales en la evolución del pensamiento platónico. Ficino fue astrólogo y médico de la familia Medici en Florencia, bajo cuyo auspicio tradujo toda la obra de Platón, e inspirado por el filósofo de hombros y mente amplia,  encabezó una nueva academia platónica. Este avatar platónico fue una de las grandes influencias en el despertar cultural del Renacimiento.

El término tan usado actualmente, "amor platónico", en realidad fue acuñado por el mismo Ficino, quien hizo un bellísimo comentario de El Banquete, el texto donde Platón se dedica a explorar los diferentes tipos de amor y el origen mismo de esta emoción que no es solamente una emoción sino un daemon (Eros; un espíritu o dios) y una teología (conocimiento sobre la divinidad que permite acercarse a ella).

Cuando decimos hoy en día que un amor es platónico, generalmente lo hacemos en un sentido un tanto impreciso --con respecto a la tradición de Platón, Plotino y Ficino-- y nos referimos a un amor que no se concreta, que es fantasioso, incluso tímido y no tiene su desfogue en el plano material. Si bien Platón y sus sucesores ciertamente tenían una noción idealista del amor, esto no significa que su visión amorosa era de un amor irreal, que palidece ante la pasión sexual y a la contundencia del cuerpo, al contrario, el amor platónico sostiene ser más real que el amor meramente físico ya que participa en el plano de las ideas y los arquetipos -que son el substrato de la realidad que experimentamos-, y por lo tanto fija su mirada en el alma y en la eternidad. Cuando decimos amor platónico deberíamos de pensar en un amor espiritual, que no se limita solamente a la persona amada, sino que de lo individual --a través de la belleza-- asciende hacia lo universal y de lo humano se fija en lo divino. 

En la dedicatoria de su Teología Platónica, Ficino nos dice que la filosofía de Platón es esencialmente una teología y que nuestro filósofo todo lo lleva a su causa primera, hacia su esencia resplandeciente. En esto quizás podemos detectar algo que incómoda a la modernidad secular que, encuentra sus raíces racionales en Platón (y por supuesto en el preferido Aristóteles) y que prefiere no fijarse en que Platón es también un teólogo místico, en tanto a que claramente ofrece en su filosofía un camino hacia dios y de hecho manifiesta que la filosofía es una preparación para la muerte, esto es, un sistema teórico y práctico para alcanzar la inmortalidad y volver a propulsar el alma hacia el mundo de las Ideas. Uno de los caminos hacia la divinidad que traza Platón en su filosofía es justamente el amor, el cual es uno de los vínculos o medios a través de los cuales se restaura la unidad absoluta del ser (el Uno; la henosis, en términos de Plotino); es Ficino quien retoma esta idea y la expone en su clara definición. 

El comentario al Banquete que hace Ficino emula en cierto sentido el recurso narrativo de Platón, celebrando literariamente su propio banquete en el que se discuten las ideas de los distintos participantes del banquete platónico. Si seguimos la noción generalmente aceptada de que es Sócrates, el maestro de la dialéctica, quien da voz a las ideas del propio Platón (o con quien nuestro filósofo suele coincidir), entonces debemos de pensar que es la explicación de Eros que hace Diotima la que más se ajusta a la visión del amor platónico. No debe de pasarse de largo que Diotima es una sacerdotisa, de quien se dice que ha enseñado efectivos sacrificios a los atenienses, y así se deduce que ella inicia en los misterios del amor a Sócrates y por lo tanto podemos hablar de un misterio del amor y de un conocimiento esotérico del amor. Es esta tradición en la que se incrusta Ficino.

Ficino nos dice que el "amor es el deseo de belleza". Pero no se trata claramente sólo de la belleza del cuerpo sino de una belleza en la que trasluce el alma --donde el rayo divino ha dejado impreso su rostro. Es decir, la belleza es un reflejo de la divinidad y permite salvar el intervalo entre lo humano y lo divino; es este sentido la belleza -y el amor por añadidura- es anagógica, como entendió Shakespeare también cuando habla de las alas del amor que superan toda separación: "With love's light wings did I o'erperch these walls. For stony limits cannot hold love out.

Continúa Ficino: "Cuando nos referimos al Amor, por esta palabra debes entender, deseo de belleza, porque tal es en todos los filósofos la definición de Amor; y la belleza es una cierta gracia que, sobre todo, y las más de las veces, nace de la correspondencia de varias cosas", esto es una correspondencia entre las formas que vemos y la armonía celeste o los principios que las subyacen. "La gracia que está en las almas, surge merced a la correspondencia de varias virtudes...  la belleza del alma es fulgor en la consonancia de conocimientos y costumbres... la que está en los  cuerpos, nace por la concordia de varios colores y líneas". Ficino luego nos dice que la belleza del alma sólo se puede conocer por la mente, en tanto a que no es objeto material.

En una idea que posteriormente exploraría a fondo Giordano Bruno en sus Heroicos Furores, y en Sobre los vínculos en general, Ficino sugiere que el amor es el pegamento cósmico, el glutinum mundi, la energía de simpatía universal que une a la divinidad con su creación y permite a las criaturas retornar, por así decirlo, a la unidad original. Esto mismo nos lo dice con ecos también del motor inmóvil (Dios) que en la filosofía de Aristóteles produce el mundo en su actualidad pura y lo magnetiza: el mundo se mueve hacia Dios a través del amor.

Y ese aspecto divino, o sea la belleza, en todas las cosas lo ha procreado el Amor, o sea el deseo de sí misma. Porque, si Dios atrae hacia sí al mundo, y el mundo es atraído por él, existe una cierta atracción continua entre Dios y el mundo, que de Dios comienza y se transmite al mundo, y finalmente termina en Dios, y como en círculo, retorna ahí de donde partió. Así que un sólo círculo va desde Dios hacia el mundo y desde el mundo hacia Dios; y este círculo se llama de tres modos. En cuanto comienza en Dios y deleita, nómbrase belleza; en cuanto pasa al mundo y lo extasía, se llama Amor; y en cuanto, mientras vuelve a su Autor, a él enlaza su obra, se llama delectación.

El misterio del amor y el aspecto por el cual consideramos que esta obra de Ficino es un texto esotérico (uno de los grandes de la historia) tiene que ver la operación perceptual que produce el amor en su más sublime realización. Esto es, el amor platónico reconoce que los cuerpos son solamente sombras de una realidad divina espiritual y trasciende su amor por un hombre o una mujer para, a través de estos, conocer lo universal. Como le dice Diotima a Sócrates, de la belleza en un individuo se concentra en la belleza en sí misma, en la forma imperecedera. El amor a un cuerpo es mortal; pero el amor divino es inmortal y esto es justamente la motivación del amor: la inmortalidad, poseer lo bueno siempre. Escribe Ficino:

Al contrario, las formas de los cuerpos son más bien sombras de las cosas verdaderas, que verdaderas cosas; y así como la sombra del cuerpo no muestra la figura del mismo de manera clara, así los cuerpos no muestran la naturaleza propia de las sustancias divinas.

El amor entonces es una llave de percepción, de ver el mundo con mayor claridad hasta percibir la forma del ángel y del alma en lo amado. De los ángeles, el que ama, logra percibir ideas y paradigmas; del alma percibe razones y nociones; del cuerpo, formas e imágenes. Ficino ensaya otra poética definición del amor: "Amor llamamos a la avidez de ángel por la que ése se permea completamente del rostro divino".

En uno de los pasajes más memorables de su Comentario al Banquete, Ficino nos explica una teoría de la belleza metafísica o de la estética de la luz, diciéndonos que lo que nos deleita con belleza no está en los cuerpos, es la luz misma, que de hecho es lo que único existe, sólo luz, sólo Dios. Todo lo demás es una sombra. Creemos que vemos otras cosas, pero en realidad sólo vemos una: la luz divina. De igual manera el amor nos lleva a está unidad totalizadora. El pasaje merece citarse extensamente:

Platón, en el sexto libro de la República aclaró sus sentencia diciendo que la luz de la mente, cuando entiende todas las cosas, es el mismo Dios que crea todas las cosas. Y compara el sol a Dios de este modo: que la misma situación que tiene el sol ante los ojos, la tiene, para las mentes, Dios. El sol engendra los ojos, y les da la virtud de ver, virtud que sería vana y se encontraría en sempiternas tinieblas, sino se preséntase a la luz del sol, pintando de colores y figuras de todos los cuerpos. En esa luz el ojo ve los colores y las figuras de los cuerpos. Y en verdad no ve otra cosa que la luz aunque parezca que ve varias cosas; porque la luz que en él se infunde está ornada de varias formas de cuerpos. El ojo ve esta luz, en cuanto se refleja en los cuerpos; pero en su fuente no la puede comprender... Así pues, entendemos todas las cosas por la luz de Dios; pero esa pura luz en su propia fuente no la podemos comprender. En esto propiamente consiste toda la fecundidad del alma: que en sus secretos senos resplandece la eterna luz de Dios, cargada de las razones e ideas de todas las cosas. A esa luz, el alma, siempre que quiere, puede volver por pureza de vida y atención de estudio; y vuelta a aquélla, resplandece de las centellas de las ideas... Así pues, debemos subir del cuerpo al alma, del alma al ángel, y del ángel a Dios. Dios está sobre la eternidad; el ángel está todo en la eternidad: porque la esencia es operación suya y estable, y la estabilidad es propia de la eternidad. El alma está parte en la eternidad y parte en el tiempo: porque su sustancia es siempre la misma sin ninguna mutación debida al crecer o al menguar; pero sus acciones recurren al tiempo por intervalo. 

Twitter del autor: @alepholo

 Sobre el Amor, de Marsilio Ficino

Por medio de un análisis exhaustivo de los 22 arcanos del tarot se intentará darle un sentido al ejercicio cinematográfico como regulador de la percepción de la vida

No hay en realidad lado oscuro de la luna. De hecho, toda ella es oscura.

                                               -Pink Floyd

 

El espíritu solar reflejado en la noche de todos los tiempos

Papus nos comenta que la carta expresa el descenso del espíritu en la materia, una especie de involución donde la luz del espíritu no alumbra y únicamente se ilumina el plano existencial reflejado. El plano material es lo más bajo a donde puede descender el alma, no hay más camino descendente. Papus distingue a un lobo que aúlla (representa a las almas salvajes) frente a un perro que ladra (representa a los espíritus serviles), los dos dirigiéndose a esa luz proveniente de la Luna; aunque esa luz no nazca en la Luna se reactiva, toma otro sentido en ella, reflejándose. Papus distingue que en su camino a la materia, el espíritu se encuentra con presencias energéticas de orden elemental, que intentarán destruirla, al igual que el cangrejo de río que está bajo la corriente de agua (criaturas que arrastran). Cirlot ve más bien que los perros impiden el paso de la Luna al dominio del conocimiento solar. Cirlot nos dice sobre el arcano: “Expone la fuerza y los peligros del mundo de las apariencias y de lo imaginativo. El visionario ve las cosas”; de esta manera en un nivel mortal podemos interpretar al arcano.  

En lo personal, me llama la atención que es una carta que cinematográficamente nos plantea un plano (imaginando que el dibujo es un cuadro editado) que es un punto de vista, miramos por la carta como por una ventana, un camino, el personaje está afuera de todo, inundando todo, ¿el espíritu del Sol que se refleja en la Luna?, deja de ser Sol para ser la reflexión lunar del espíritu en la noche. Una aparente realidad que es un reflejo de la verdad, un mundo aparte del mundo aparente.

 

La madre de Norman Bates

La macabra obra maestra Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) no sólo es completamente correcta para simbolizar la carta en cuestión, sino para desarrollar sus temas ocultos. Por cierto, habría que aclarar que por los textos que he consultado es una de las cartas que vienen en un código más encriptado, difíciles de dilucidar. Se dice que en estos últimos naipes de los arcanos está el secreto para conectar toda la jugada, iniciando de la Luna hacia adelante.

La carta comúnmente se vincula con el DESQUICIO y la LOCURA. En dos planos se conecta a la cinta de Hitchcock:

1) Su Juego de POV (punto de vista).

2) El proceso psicológico de Norman Bates, que le da sentido al drama y a la trama.

1) Observamos a la sensual Marion (la inolvidable Janet Leigh) en audaz ropa interior para la época. Es un personaje principal que acaba de cometer un robo, escapando luego en su carro. A causa de la fuerte lluvia tiene que parar en un motel. Se convierte en un “alma” asesinada, por “la Luna”. Hitchcock se adelanta a sus tiempos, y cambia el punto de vista, de pronto dejamos de tener un protagonista tras su muerte y el espectador se tiene que inclinar por Norman, recién incorporado a la trama, que es el asesino. Todo un acto de perversión por parte del guionista. Hasta que vuelve a aparecer otra mujer familiar del primer personaje femenino y el POV vuelve a cambiar. Si lo vemos abstractamente es un movimiento metafórico que denota el esoterismo albergado en la cinta y que contiene la carta; el alma joven, potente, solar se proyecta en lo viejo de la Luna, en la madre de Norman que despliega todo ese control enfermo y destructivo para volver a emerger más tarde y reclamar su fuerza vital, la pureza de su alma.

2) Nos enfrentamos al asesinato que ocurrió a manos de Norman para escapar de su madre, sin lograrlo. Ella, “la Luna”, toma posesión de él por las noches y lo lleva a hacer actos funestos en contra de su voluntad. Lo peor es que Norman está descoyuntado, su espíritu, su mente y su cuerpo están desconectados y la voluntad es ajena, es lunar.   

 

Horror psicológico

Este segundo aspecto lo podemos ver en muchas cintas de horror psicológico, que parten de alguien que pierde la razón paranoicamente entrando en un mundo donde ataca a todos como probables amenazas, podemos pensar en Repulsión (Roman Polanski, 1965) como una película seminal del género. En el primer filme internacional del joven Polanski se destaca el excesivo repliegue en uno mismo, las fuerzas negadas, los deseos inconfesados, y los traumas que revela la carta en una tirada, y que sobre todo se revelan ante nuestros aparentes deseos conscientes. Supongo que así se va empoderando un inconsciente hasta no dar tregua a nuestra posible realización personal que tenga que ver con un desarrollo total, digamos hacia afuera, o sea implotar a veces en acciones de las que no podemos explicar cómo fueron cometidas por nosotros.

Y se extiende a la malignidad psicótica que se vuelve una amenaza física cuando entra a la atmósfera de una familia sana, que se contrapone y poblaba casi todos los thrillers psicológicos que dominaron la pantalla en los 80 y principalmente los años 90 en las cintas hollywoodenses. Un género que funcionaba para tachar conductas que eran peligrosas para el statu quo en la población en general.

Tomemos un ejemplo radical como lo es La mano que mece la cuna (Curtis Hanson, 1992), donde existe la luna encarnada en la actriz Rebecca de Mornay que, con doble personalidad: Mrs. Mott / Peyton Flanders, atosiga a los Bartel. Lo que está en juego es el pequeño bebé, la inocencia del alma, la pureza espiritual ante la locura catastrófica, que es la negatividad sobre la negatividad cuando aparece el arcano al revés.

 

Cassavetes

Una mujer bajo la influencia (John Cassavetes, 1974) bien podría completar su título con el de la "influencia lunar". Mabel (Gena Rowlands, en, quizás. su mejor actuación, y eso es decir mucho) y Nick son esposos, su amor toda la trama es puesto a prueba contra el poder de la demencia que ella sufre.

Esa influencia es básica en el proceso artístico de Cassavetes, siempre al borde del abismo, un genio que aspiraba a encapsular con una cámara el espíritu beatnik de su generación y que logra un estilo eternamente imitado en su forma, pero poco en su fondo. El trabajo con los actores que hacía Cassavetes rebasaba lo visceral porque compartía esa agonía en cada momento.  

Couste en su libro distingue la visión de Ouspensky del arcano, que es muy interesante:

siendo una alegoría del viaje heroico, un claro resumen del simbolismo relacionado con el tránsito y el pasaje: el estanque de agua (materia primordial), el cangrejo que emerge de ella (devorador de lo transitorio, como el escarabajo entre los egipcios), los perros que interceptan el paso (guardianes, calificadores de la aptitud del viajero para enfrentar el misterio), las torres en el horizonte (plenas de acechanzas por sus virtuales habitantes, pero también puertas –metafrontera–).

¿Son las puertas de un hospital psiquiátrico la única posibilidad que ha encontrado esta sociedad contemporánea para responder a los poderes de la luna?   

 

Fuentes

Cirlot, J. Diccionario de símbolos.

Couste, A. El tarot o la máquina de imaginar.

Papus. El tarot de los bohemios.

http://magiadeltarot.blogspot.mx/2009/04/la-luna.html

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

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