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Con este sencillo calendario leerás más y mejor a lo largo del año

Libros

Por: pijamasurf - 12/29/2017

Lleva a tu vida los beneficios de la lectura con este método

En esta época de buenas intenciones, la lectura tiene para algunas personas un lugar especial pues en general se le considera una actividad con enormes beneficios, no sólo en el plano intelectual sino también para nuestra salud e incluso nuestras emociones. Sabemos bien que la lectura amplia nuestros horizontes de percepción, mejora nuestra memoria, nos hace comprender mejor las emociones humanas y, en general, puede llegar a dar otra densidad a nuestra vida, otra sustancia.

De ahí que el propósito de leer más sea tan loable. Y aunque a veces pareciera que no tenemos el tiempo suficiente para hacerlo, todo es cuestión de organizarse. No se trata de leer desenfrenadamente, sino de dar a cada libro su propio tiempo. Ese, también, es un beneficio: en una cultura en la que todo se vive con prisa y sin reflexión, la lectura puede devolvernos el sabor de la calma, la pausa y la sucesión de los instantes.

Compartimos a continuación un sencillo calendario orientado a ese propósito. El diseño original es de la comunidad “Catadores de libros”, pero quisimos agregarle algunas consideraciones propias. Quizá esto sea un incentivo a leer más y mejor en este año que comienza.

 

 

01 - Un libro que tienes pero no has leído

Muchos de nosotros tenemos esos “pendientes” en nuestro librero o sobre nuestro escritorio o lugar de trabajo. Ese libro que compraste y que al final no encontraste tiempo para leer, o quizá fue un libro que alguien te regaló y que jamás abriste. Piensa también en las bibliotecas públicas: en cierto sentido, sus acervos son libros que todos “tenemos” en el sentido de que están a nuestro alcance. Dale a una oportunidad a esos ejemplares.

 

02 - El libro favorito de un amigo (a)

Contrario a lo que puede parecer, la lectura es una actividad compartida. Leemos a otros, compartimos nuestras impresiones y opiniones que otros, gracias a otros llegamos a ciertos libros y así sucesivamente. Siempre hay otros implicados en el ejercicio de leer. En este caso, hazlo explícito: pregunta a tus amigos cuál es su libro favorito, qué libro te recomiendan leery haz de alguno de esos títulos tu objetivo de lectura.

 

03 - Un clásico literario

Con la ironía por la que es bien conocido, Mark Twain dijo que los clásicos son los libros que todos elogian y desean leer pero nadie lee en realidad. Lamentablemente los clásicos llegaron a esa categoría por méritos propios, porque son grandes obras que, en casi todos los casos, provienen de un tiempo ya lejano pero conservan la singular característica de que son todavía significativos, todavía nos permiten entender la vida, a nosotros mismos y la realidad que nos rodea.

 

04 - Un libro prestado

El préstamo de libros suele ser una acción generosa y elocuente: dice algo tanto de la persona que nos presta el libro como el del título que elige y a veces incluso del tipo de relación que tenemos con esa persona. Haz honor a su gesto y lee el libro que recibes.

 

05 - Un libro que debiste leer en la escuela y no lo hiciste

Decía Borges que leer, como amar y soñar, es un verbo que no conoce el imperativo, porque a nadie se le puede obligar a leer (como se puede obligar a alguien a amar o a soñar). Con todo, se intenta, y a veces, por esa razón, los niños y jóvenes terminan por aborrecer los libros. Si es tu caso, piensa que si en esos momentos la lectura era un deber, no tiene por qué ser siempre así y que incluso puede virar radicalmente y convertirse en un acto placentero. Dale la oportunidad a uno de esos libros “obligatorios” y quizá te sorprenda.

 

06 - Un libro de un género que nunca has leído

Como con otros aspectos de nuestra vida, es más o menos común que en la lectura sigamos la tendencia de cerrarnos a lo que ya nos gusta, lo que ya conocemos y sabemos que disfrutamos. ¿Pero por qué no probar de vez en cuando algo nuevo? Si nunca has leído ciencia ficción, ¿por qué no intentarlo? O fantasía quizá, alguna novela histórica, un poemario, un libro de crónicas, etc. Sin importar cuál elijas, haz el experimento de cambiar de dirección.

 

07 - Un libro que escojas por su portada

Puede sonar un tanto superficial, ¿pero por qué no? Las apariencias engañan, dice el adagio.

 

08 -  Un libro de más de cien años

El centenario de un libro puede ser un buen pretexto para leerlo o releerlo. En 1917 se publicaron, por poner algunos ejemplos, los "Cuentos de amor, de locura y de muerte" de Horacio Quiroga y la novela "El paseo" de Robert Walser. En 1918 algunos libros como "El loco" de Kahlil Gibran o "La decadencia de Occidente" de Oswald Spengler, además de "A la sombra de las muchachas en flor" (tomo segundo de "En busca del tiempo perdido"). Pero estas fechas y esos títulos son arbitrarios. El océano de la literatura está ahí, dispuesto a explorarse.

 

09 - Una obra de un autor clásico

Los grandes nombres de la literatura lo son por alguna razón, y si bien es cierto que en ocasiones su prestigio los precede y los hace un tanto intimidantes, con frecuencia basta traspasar esa celebridad para encontrarse con una obra diáfana y rica en recompensas.

 

10 - Un autor famoso de tu país

Cada literatura posee su propia bibliografía. Como criterio, también es lúdico: ¿qué autor de tu país no conoces aún y te causa curiosidad? ¿Quiénes escriben ahora? ¿Quién lo hizo en el pasado y aún no conoces?

 

11 - Un bestseller

Aunque a veces se miran de soslayo, los llamados bestseller son también posibilidades de lectura. Además, los hay para todos los gustos, pues un bestseller puede llegar a ser lo mismo el ejemplar de una saga en boga que la obra más reciente de un autor de estilo refinado.

 

12 -  Un libro con ilustraciones

A veces olvidamos que, desde hace ya algunas décadas, la lectura también incluye la lectura gráfica: cómics, novelas gráficas, libros ilustrados. El abanico es amplio y sin duda es un pretexto para probar también otras formas de lectura.

 

¿Qué te parece? ¿Qué sugerencias agregarías tú para favorecer la lectura? ¡No dejes de compartirnos tus comentarios!

 

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Los personajes en Star Wars parecen olvidar pronto hechos históricos que son cercanos en el tiempo

***Este texto contiene información sobre la trama y los personajes de las películas de Star Wars, incluido el Episodio VIII***

Quien haya visto las películas de la saga Star Wars y esté al tanto de su historia y su cronología, sin duda se habrá dado cuenta de que los hechos que conforman la trama general transcurren en sólo dos generaciones: la de Anakin Skywalker y la de los hijos de éste, Leia y Luke Skywalker. 

Como se sabe, los episodios I al VI comprenden la historia de Anakin como “el Elegido”: su descubrimiento, sus años de gloria, su caída y su redención. En cuanto a la trilogía que inició con el Episodio VII y que está en desarrollo, si bien el personaje central es otro, tanto Leia como Luke participan aún en esa línea de tiempo, con un papel no del todo protagónico pero sí al menos de cierto magisterio o preponderancia, entre la autoridad moral y el tutelaje que se le reconoce a personas que, como ellos, poseen experiencia, conocimiento e incluso un linaje especial.

Si lo pensamos en términos reales, dos generaciones del tipo padre o madre e hijos suelen comprender cerca de 100 años. Si una persona tiene su primer hijo a los 30 años y éste vive al menos 70, entre ambos habrán testimoniado los hechos de un siglo de historia que, por otro lado, si bien es una cantidad de tiempo importante, hasta cierto punto nos puede parecer asequible o hasta un poco cercana. Así, por ejemplo, cuando nuestros padres nos cuentan historias de su juventud, aunque pertenecientes ya al pasado, al escucharlas no tenemos necesariamente la sensación de que hayan ocurrido en un tiempo remoto, sino más bien lo opuesto: podemos reconocer aún los lugares de los que nos hablan, identificar a ciertas personas, percibir la continuidad de los hábitos o las costumbres, etc.

En el universo Star Wars, sin embargo, la percepción del tiempo parece ser otra, en particular la del tiempo de los hechos que podríamos denominar “históricos”, los cuales, según podemos inferir por la forma en que algunos personajes se expresan sobre éstos, aun cuando se encuentran dentro de ese periodo de una misma generación señalado (la del padre o la del hijo, o el lapso en que éstas coinciden), se perciben como pertenecientes a un tiempo distante.

En el Episodio IV, las alusiones a los Jedi y la Fuerza suelen estar acompañadas de un cierto desdén hacia lo antiguo. En el episodio III, la “tragedia de Darth Plagueis ‘El Sabio’” que el canciller Palpatine cuenta a Anakin parece provenir de una época sumamente anterior (por más que Plagueis haya sido maestro de Sidious). Ese peculiar fenómeno es un tanto más evidente (y menos sujeto a la polémica) en la nueva trilogía, en donde Luke Skywalker y todo lo relacionado con los Jedi tienen un tinte legendario. En el Episodio VII Rey incluso llama a Luke “un mito” y, en otra escena, Han Solo pronuncia un discurso que por las palabras que usa y la actitud que toma, lo hace ver a él mismo como un sobreviviente de una época increíble. O, mejor dicho, olvidada.

El olvido es el concepto clave en esa peculiar percepción del tiempo histórico en el universo de Star Wars. Los personajes parecen considerar remotos ciertos hechos más o menos cercanos en el tiempo porque, en general, parece existir una tendencia común al olvido, un olvido social u olvido histórico, podría decirse, con cierto eco de las categorías que se usan en los estudios y las políticas públicas que tienen como propósito preservar la memoria colectiva de ciertos hechos (migraciones, tiempos aciagos, matanzas, etc.).

De nuevo, la escena de Han Solo y Rey abordo del Halcón Milenario es sumamente elocuente al respecto: el antiguo contrabandista es una de las personas que atestiguaron los hechos de dos generaciones, la suya (que correspondería más o menos a la misma que la de Anakin Skywalker/Darth Vader) y la de de Luke, a quien conoció y acompañó. Han, en este sentido, sería como uno de esos amigos de la familia o primos mayores que no es lo suficientemente viejo para tener la edad de nuestros padres ni lo suficientemente joven para tener nuestra edad. Con todo, al relatar el intento fallido de Luke por restaurar la Orden Jedi, su huida y su desaparición, la historia tiene la apariencia de haber ocurrido cientos de años atrás, en un pasado remoto, y no apenas diez o quince años antes, en la adolescencia de Ben Solo.

Aunque todo esto es ficción, existe un rasgo muy específico del universo Star Wars que podría esgrimirse como causa de esa forma tan singular con que en la saga (y especialmente en la nueva trilogía) se experimenta el tiempo colectivo y dicho rasgo es la ausencia de cultura escrita. 

En un libro y un par de artículos, el escritor y columnista Ryan Britt ha notado que, en todas las películas de Star Wars, nadie lee nunca nada, ni un libro ni una revista y ni siquiera algo que se les semeje, así sea vagamente a un periódico. Se dirá que así es la ciencia ficción, género en el cual está permitido e incluso es necesario distanciarse tanto como sea posible o se desee de la realidad que todos conocemos y vivimos.

Sin embargo, en el caso de Star Wars, parece ser que existe una intención manifiesta de privar a sus personajes y el universo en general de la cultura escrita. Según Britt, en varias entrevistas y libros publicados en la década de 1990, George Lucas aceptó que Star Wars se pensó desde el inicio y a propósito como un “universo sin papel”.

El Episodio VIII es el primero en la saga en que se muestran libros a cuadro. Se trata de una media docena de tomos encuadernados rústicamente, visiblemente viejos o maltratados que, según Luke, compendian las enseñanzas y la sabiduría de la Orden Jedi. Con todo, éstos parecen resultar destruidos en el incendio que Luke dudó en iniciar pero que el espíritu de Yoda propaga con alegría y entusiasmo. El milenario Maestro Jedi no da mucha importancia a los libros y se da tiempo para insinuar que Luke, que decía tenerlos en una elevada consideración, no fue devoto de su lectura (en sus textos, Britt asegura que lo más probable es que Luke Skywalker y la mayoría de los seres vivientes en el universo Star Wars no sepan leer ni escribir).

¿Qué implicaciones tiene esta característica del universo Star Wars? Entre otras, el efecto sobre la memoria colectiva de la historia, la cual, de vuelta a la realidad, sabemos que tiende a experimentarse de otra forma cuando mediante el registro más o menos atemporal que brinda la cultura escrita. 

“Los libros rompen las ataduras del tiempo”, dijo Carl Sagan en el que quizá sea uno de los elogios más emotivos y precisos que se hayan hecho a la cultura escrita. En la perspectiva del científico (que comparten otros estudiosos de la cultura del libro o la escritura como Roger Chartier, por citar un ejemplo), los libros están vinculados íntimamente con la memoria colectiva de la humanidad porque son capaces de trascender generaciones y, mientras no se pierda la capacidad de codificarlos, su mensaje pervive. Si sentimos cercano un recuerdo de juventud que nuestro padre nos cuenta, en parte también es porque gracias a la cultura escrita (y otras formas de la preservación) tenemos el referente de épocas verdaderamente remotas: el siglo XVII, la Antigüedad Clásica, los días del Imperio Romano, etc. Eso es antiguo para nosotros y gracias a dicha relativización podemos comparar entre un periodo y otro y tener una percepción clara al respecto.

En el universo de Star Wars, sin embargo, parece ser que la ausencia de libros vuelve inexistente la noción de memoria colectiva. Los personajes olvidan pronto –incluso lo que pasó apenas en la generación anterior, o hace una o dos décadas– porque no parecen practicar el registro y la conservación con el empeño con que éstos se emprenden en la realidad real. La gente parece vivir al día, sumida de lleno en su cotidianidad, sin mayor contacto con el mundo exterior, con lo que ocurre en otros planetas o, más notorio aún, con el devenir de las instancias políticas que de todos modos llega a tener algún efecto en su vida. 

Sobre esto último, quisiera comentar brevemente que como espectador, tanto al final del Episodio IV como del VI (y en menor medida del Episodio III), he tenido la sensación de que los triunfos de la Alianza Rebelde o de los Sith, aunque aparentemente importantes y decisivos para “el futuro de la galaxia”, tienen cierto aire intrascendente al pensarlos desde la perspectiva de Tatooine o cualquier otro de esos planetas miserables y lejanos. De hecho, la transición misma de República a Imperio y de vuelta a una República (defenestrada ésta también en la nueva trilogía), se antoja un tanto irrelevante para esa gente que, en términos generales, parece haber vivido los últimos 20 o 30 años de su vida de la misma manera. 

Un lugar común asegura que conocer los hechos del pasado nos previene frente a la posibilidad de volver a cometerlos o, en un sentido parecido, que los pueblos que no conocen su Historia están condenados a repetirla. Aunque estas afirmaciones podrían debatirse, es posible aceptar que la cultura escrita da al tiempo otra densidad. Leer y escribir son dos actividades que nos hacen experimentar de otro modo el paso del reloj y el efecto de éste sobre nuestra existencia. Como escribió Sagan, los libros nos ponen en contacto con los personajes más destacados de todos los tiempos, lo cual, además de que en sí mismo ya es sorprendente y estimulante, nos hace descubrir también la maleabilidad del tiempo, su flexibilidad inesperada y acaso desconocida, la capacidad nuestra de trascenderlo e ir de un momento a otro de la historia para después volver a nuestro presente y comenzar a experimentarlo de otra manera, según lo aprendido en esos viajes momentáneos que nos permiten los libros.

¿Cómo sería el universo Star Wars si los libros, los periódicos, las revistas fueran objetos corrientes y de uso cotidiano? Tal vez se parecería un poco más al nuestro. Tal vez los Jedi y lo Sith harían campañas políticas en vez de complots y sesiones de consejo en una sala aislada y protegida. No es posible saberlo. En nuestro mundo, la alfabetización suele estar ligada a una mejora general en la calidad de vida y más aún cuando ésta se sostiene y se convierte en la cultivación del saber o escolarización, ¿pero en una galaxia muy muy lejana será igual?

Si algo nos brinda la cultura de lo escrito es un medio para poner distancia frente a nuestra cotidianidad –pausarla, interrumpirla, mirarla de lejos–, de modo tal que su peso no nos agobie ni nos aplaste y, por otro lado, nos permita comprenderla mejor. Ofrece instantes de reflexión y divagación en los que la percepción se nutre con saberes propios y ajenos. Si de la lectura se dice que es una válvula de escape, no es sólo porque permite a alguien distraerse de su vida cotidiana, sino también porque le permite imaginar otras posibilidades, tener otras ideas, dudar, preguntarse, salir por un instante de lo que es y parece que está destinados a ser. Cabe suponer que esto sucede así en cualquier persona, sea Sith, Jedi o granjero de Tatooine.

 

Twitter del autor: juanpablocahz

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