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Si logras entender y aplicar estas palabras de Epicteto en tu vida, evitarás mucho sufrimiento innecesario

Filosofía

Por: pijamasurf - 11/20/2017

La filosofía estoica invita al ser humano a vivir en austeridad, templanza y un examen continuo de nuestras acciones, nuestros deseos y nuestros pensamientos

La filosofía estoica ha cobrado cierta relevancia en tiempos recientes que, en cierta forma, es inesperada. Si de por sí la filosofía en general ocupa un lugar más bien marginal en nuestras sociedades contemporáneas, de todas las escuelas de pensamiento ha resurgido una que, en su momento, invitó al ser humano a vivir en austeridad, templanza y un examen continuo de nuestras acciones, nuestros deseos y nuestros pensamientos. 

Pero quizá si miramos esta suma de cualidades a luz de la hiperestimulación placentera en que vivimos, la producción y el consumismo económicos incesantes y la imposibilidad aparente de hacer una pausa para reflexionar sobre lo que hacemos, entonces puede ser que el estoicismo haya resurgido como un recurso del ser humano contemporáneo para de todos modos hacer eso que necesita: comprender el curso de su vida.

Es esta ocasión compartimos un fragmento en el que Epicteto, uno de los estoicos más célebres y destacados, expone con sencillez y claridad el que quizá sea el método más simple para evitarnos sufrimientos innecesarios en la vida, ese sufrimiento que advertimos cuando en medio de una situación de pronto nos preguntamos qué hicimos para llegar hasta ahí. En muchos de estos casos, esa adversidad se explica por un encadenamiento de circunstancias que sin embargo tienen un origen primero y único que Epicteto miró con lucidez. Veamos:

 

En cuanto a todas las cosas que existen en el mundo, unas dependen de nosotros, otras no dependen de nosotros. 

De nosotros dependen nuestras opiniones, nuestros movimientos, nuestros deseos, nuestras inclinaciones, nuestras aversiones; en una palabra, todas nuestras acciones. 

Las cosas que no dependen de nosotros son el cuerpo, los bienes, la reputación, la honra; en una palabra, todo lo que no es nuestra propia acción. 

Las cosas que dependen de nosotros son por naturaleza libres, nada puede detenerlas, ni obstaculizarlas.

Las que no dependen de nosotros son débiles, esclavas, dependientes, sujetas a mil obstáculos y a mil inconvenientes y enteramente ajenas. 

Recuerda pues que, si tú crees libres a las cosas por naturaleza esclavas, y propias a las que dependen de otro, encontrarás obstáculos a cada paso, estarás afligido, alterado y te quejarás continuamente de los dioses y a los hombres. 

En cambio si consideras lo que te pertenece como propio y lo ajeno como de otro, nunca nadie te forzará a hacer lo que no quieres ni te impedirá hacer lo que quieres. No increparás a nadie, ni acusarás a persona alguna; no harás ni la más pequeña cosa que no desees; nadie, entonces, te hará mal alguno y no tendrás enemigos, pues nada aceptarás que te sea perjudicial. 

Aspirando entonces a tan grandes bienes, recuerda que tú no debes trabajar mediocremente para lograrlos y que, en lo que concierne a las cosas exteriores, debes enteramente renunciar a algunas y dejar otras para otro momento. Pues si buscas armonizarlas y ambicionas estos bienes y también riquezas y honores, quizá no obtengas ni siquiera estos últimos, por desear también los otros; y seguramente dejarás de alcanzar los únicos bienes que pueden darte libertad y felicidad.

Así, ante toda fantasía perturbadora, apresúrate a decir: “Tú no eres más que pura imaginación y nada de lo que parece”. Enseguida examínala con atención y ponla a prueba. Para ello sírvete de las reglas que tienes, principalmente con esta primera, procurando distinguir si esa idea pertenece a aquello que depende de ti o, por el contrario, forma parte de aquello que no depende de ti. Y si pertenece a aquello que no depende de ti, piensa sin titubear: “Esto en nada me atañe”.

 

Las líneas provienen de los fragmentos conservados de Epicteto que se han editado bajo los títulos de Máximas, Manual o Enquiridión; este último es el término en griego con que se conoce en los estudios especializados a la compilación de enseñanzas que realizó Flavio Arriano de Epicteto, su maestro, labor por la cual la filosofía de vida del estoico llegó a nuestra época. 

En español, la editorial especializada en literatura clásica y filosofía Gredos cuenta en su catálogo con el ejemplar Disertaciones por Arriano, pero igualmente circulan en Internet algunas versiones del texto digitalizadas en formato PDF.

 

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La quantum consciousness afirma que nuestra conciencia existe independientemente de la sustancia material y sobrevive aun después de la muerte de un cuerpo físico

Entre el materialismo y el espiritualismo, surgen múltiples cuestiones en torno a la conciencia: ¿hacia dónde se va nuestra alma después de morir?, ¿nuestra esencia desaparece cuando nuestro cuerpo muere? A estas preguntas las acompaña una serie de obras literarias y cinematográficas que reproducen las hipótesis en torno a las ondas lentas del cerebro a un nivel subatómico que abandonan el cuerpo después de la muerte. A ello se le llamó conciencia cuántica –o quantum consciousness.

Entre los principales estandartes de este movimiento están el físico Roger Penrose y el médico Deepak Chopra, quienes consideran que lo que se resguarda en nuestra mente no es forzosamente un producto de nuestro cerebro y que nuestra conciencia existe independientemente de la sustancia material. En consecuencia, la muerte de nuestro cuerpo físico no es el fin de nuestra conciencia. Sin embargo, ¿cuáles son los puntos débiles de esta ola?

De acuerdo con Michael Shermer, colaborador de Scientific American, existen tres puntos principales que se contraponen a la teoría cuántica de la conciencia:

Primero, los defensores de este movimiento consideran que la identidad personal se encuentra en los recuerdos, los cuales están grabados en el cerebro, de modo que de ser posible, se pueden copiar y pegar en una computadora, duplicar e implementarse en un cuerpo renacido. No obstante, la memoria no trabaja como una máquina sistematizada: es un proceso que se encuentra editándose de manera fluida y continua, que depende principalmente de las neuronas cerebrales. Shermer explica que si bien es verdad que los recuerdos desaparecen momentáneamente cuando uno se duerme y se despierta cada mañana o cuando se está bajo los efectos de la anestesia quirúrgica, éstos regresan aun después de una crisis de hipotermia o detención de la circulación sanguínea. Es decir, cuando el cerebro de una persona se encuentra en un estado de hipotermia se detiene su actividad eléctrica y, por lo tanto, se sugiere que la memoria a largo plazo se almacena estáticamente ahí, en alguna parte de las neuronas inmóviles. No obstante, ello no puede suceder cuando el cerebro muere, pues cuando se deja de recibir oxígeno del corazón las neuronas mueren y, en consecuencia, los recuerdos almacenados en el cuerpo.

En segundo lugar, otra suposición es que al copiar el connectoma del cerebro –el diagrama de las conexiones neuronales– en una computadora o en un self físico de alguien revivido, sería como despertar de un largo sueño. Desgraciadamente, eso no es posible, pues “la copia de tus memorias, tu mente o incluso tu alma, no eres tú. Es una copia de ti, igual que un gemelo y ningún gemelo se ve como su hermano o piensa ‘Aquí estoy’”. Ni la duplicación ni la resurrección pueden dar instancia a un ser vivo en otro plano de la existencia.

Y finalmente, la identidad o el self es mucho más que la suma de los recuerdos: es el proceso cognitivo de una metaconciencia –estar consciente de la conciencia. Con esto se quiere decir que aun cuando sea posible transferir los recuerdos hacia otro contenedor, este último no sería tampoco nuestra esencia porque se trata de una continuidad del self de un momento a otro.

Para Shermer, esta toma de conciencia en torno a la mortalidad podría estar enfocada en la relevancia de cada momento, cada día, cada vínculo social; es decir, en relacionarse profundamente con el mundo y con las otras personas para darnos un objetivo y un sentido a lo largo de nuestra vida: “Somos únicos en el mundo y en la historia, geográfica y cronológicamente”. Incluso, agrega el colaborador:

nuestros genomas y connectomas no pueden ser duplicados, por lo que nosotros somos individuos garantizados con conciencia en torno a nuestra mortalidad y metaconciencia de lo que eso significa. […] La vida no es una etapa temporal antes del gran show de después –es nuestro proscenio personal en el drama del cosmos en el aquí y el ahora.