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En esta segunda parte de nuestro DECÁLOGO dedicado al maestro Stanley Kubrick, abordamos un serial de películas caracterizadas por la polémica, el debate y la profundidad psicológica

En esta segunda parte de nuestro DECÁLOGO dedicado al maestro Stanley Kubrick, abordamos un serial de películas caracterizadas por la polémica, el debate y la profundidad psicológica, obras consideradas clásicos de la cinematografía y algunas de ellas mencionadas por el American Film Institute y la revista Sigth and Sound en sus respectivas listas decenales. En la entrega anterior exploramos la visión conceptual del director sobre hechos reales y figurados, testimoniales y de ficción, a la luz de la guerra de los 7 años, la primera guerra mundial y la guerra de Vietnam, donde su temática aborda la ambición, el heroísmo y la indolencia respectivamente. La relatoría continuó por los recovecos del mal en los laberintos de la mente de Stephen King y asistimos cual cómplices a la traición de un crimen perfecto, como perfección del montaje buscó siempre el realizador neoyorquino. Las interminables jornadas de rodaje, las repeticiones incesantes de cada escena, la pericia técnica, la búsqueda constante por el ensamble armónico del sonido, las pausas y el ritmo agónico, sedicioso y en vértigo, que lo mismo deja atónico que invita a la reflexión profunda, integraron un proceso de filmación que de suyo es también legendario.

Gracias a su influencia en diversos aspectos narrativos y visuales, hemos disfrutado de cintas que acuden desde diferentes géneros a sus principios fílmicos mediante las propuestas de directores como Steven Spielberg, Guillermo del Toro, James Cameron, Alfonso Cuarón, Lars Von Trier, Darren Aronofsky, Andrés Palma Buratta, Christopher Nolan, Richard Linklater, Duncan Jones, P. T. Anderson, Quentin Tarantino, Frank Darabont, e incluso Martin Scorsese y George Lucas, entre muchos otros, forman parte del variopinto canon cinematográfico derivado de Stanley Kubrick. A continuación, nuestro viaje conceptual a través su legado nos conduce directo y sin escalas a la profundidad del deseo y del heroísmo, luego sugiere argumentar un debate geopolítico que ineludiblemente nos dirigirá a la violencia como una aguda crítica social, para finalmente invitarnos a posar la mirada en el universo y contemplar así la ronda impar de nuestra existencia.

 

Deseo

OJOS BIEN CERRADOS (Eyes Wide Shut) 1999

Epitafio artístico en la obra de un provocador de los deseos, una exploración perturbadora de la libido despierta, que no había explorado el director desde la espléndida Lolita (1962), soberbia adaptación literaria de Nabokov. La relación marital que transforma el amor en la costumbre, el gusto en el anhelo delegado, la voluntad de la monogamia en la fantasía que se reprime y luego se expresa en los juegos de la mente, dan pauta a una película que hizo mella en los más acérrimos críticos de Kubrick y a su vez abrió un debate artístico en sus seguidores. Justo al fin de siglo y en la víspera del nuevo milenio, Ojos bien cerrados se presenta como un viso a la doble moral de la aristocracia ante la infidelidad, la ética y con mayor atrevimiento, como un repaso de temas tabúes de la sociedad posmoderna, la trata y la prostitución como un problema de la urbe, el encubrimiento policial del abuso, y desde ese cuestionamiento social, se adentra en las azuladas pesadillas de un matrimonio que experimenta la crisis de la tentación y la confianza semejadas en la necesidad de la confesión.

Tom Cruise y Nicole Kidman llevan su relación de vida real a la ficción adaptada de la novela Traumnovelle, escrita en 1926 por Arthur Schnitzler a través de los personajes William y Alice Harford. Y como corolario de una realidad que se confunde con la fantasía, los más de 2 años de rodaje y otras circunstancias contextuales llevaron a la pareja al divorcio, y a Kubrick a entregar su última película, también protagonizada por los directores Todd Field y Sidney Pollack, de forma póstuma. Una noche por la ciudad y sus afueras, un recorrido por las calles y sus sombras, por la ciudad y sus disfraces, afronta la díscola dualidad de una revelación dolosa que Alice hace a William, y que genera los pasajes de una orgía visual motivada por la identidad tras la máscara y la sexualidad concupiscente del deseo cuando se expresa. El título parece advertir al espectador desde la ironía, los ojos estarán más abiertos ante la suposición de los “hubieras” que proceden de lo prohibido. Una satírica cinta navideña estrenada en el verano de 1999, que con los años ha sido revalorada y considerada de culto. Kubrick murió antes del estreno, quizá el alivio del escándalo le hubiera tomado varios años hasta que los críticos compartieran el estremecer de Cruise como el doctor Harford ante las misteriosas contraseñas de la noche y sus rituales.

 

Sacrificio

ESPARTACO (Spartacus) 1960

El heroísmo consecuente de la emancipación de las conciencias, de la libertad del credo y la fuerza como defensa ante el exterminio. Una cinta poderosa en su coreografía casi poética, en las extraordinarias batallas cuerpo a cuerpo y desde las espadas y lanzas ante el escudo, sustenta no sólo en la fuerza la supervivencia sino en la voluntad. Kirk Douglas, quien diera el apoyo más importante que Kubrick recibió en Hollywood, interpreta al gladiador Espartaco en este guión adaptado por Donald Trumbo de la novela homónima de Howard Fast. Trumbo escribía como fantasma tras el veto del macartismo que había elaborado una lista negra de escritores comunistas y que se hizo visible ganando su segundo Óscar furtivo, gracias al apeo que Douglas diera con su nombre ante el estudio, el gobierno y la industria. Espartaco, en su vasto elenco y coreografías, también cuenta con la sensible actuación de Tony Curtis.

Relato histórico de la guerra servil en Libia, Espartaco es un auténtico espectáculo que hace honor a las grandes cintas de la década de los años 50 y la primera mitad de los años 60: enormes escenarios, fotografía en color deslumbrante, abundantes extras, poderosa banda sonora y un elenco de primera línea. La película resalta las virtudes, la compasión en las canteras, la bondad en la esclavitud, el heroísmo y la rebelión emancipadora como consecuencia del exilio consecuente de la lucha por la libertad, que brindan la palestra para resaltar el sacrificio de un hombre por su pueblo y de un pueblo por su libertad, una relación de individuo-colectivo que expira el fratricida desenlace por la supervivencia y el amor como motivo. Una épica de redención generacional, un devenir de liberación para el cautivo, y un himno al liderazgo sin reservas, brindan a Espartaco secuencias de acción acompañadas de romance e ilustraciones sobre su temporalidad, que resaltan el poder interpretativo de Charles Laugthon como Graco, Peter Ustinov como Batiatus y Laurence Olivier como Craso, y que sin embargo, se ven confrontadas por la actuación de Curtis como Antonino, que tanta ámpula generara desde la perspectiva de género y orientación afectiva del personaje hacia el propio Espartaco. Con toda intencionalidad Kubrick abría nuevos parajes a la interpretación histórica y emocional que unía tema y trama mediante los personajes circundantes de la Vía Apia.

 

Paranoia

DR. INSÓLITO (Dr. Strangelove) 1964

La histeria colectiva de una época crucial de la historia del siglo XX. Un momento determinante en el devenir de la modernidad que agoniza, de un nuevo orden económico internacional que se instituye, de ideologías que dominan y se imponen, y de la posmodernidad que aguarda fanatismo y ambición como una consecuencia de la libertad suprimida. El preludio del fin de los tiempos proviene del totalitarismo intencional que desde la perspectiva subjetiva del director describe, sin más posicionamiento que el humor negro y la realidad de una guerra fría que está más candente que nunca, una sátira política que en su comedia convida la eliminación mutua de los poderosos con el afán de que ninguno prevalezca al final de los hipados. Adaptación libre de la novela Red Alert de 1958 escrita por Peter George, Doctor Insólito aconseja desde la sorna dejar de preocuparse por la bomba nuclear y comenzar a quererla como un claroscuro presente que bien representa el blanco y negro de su fotografía. Jack D. Ripper, en alusión a Jack El Destripador, interpretado por Sterling Hayden, comanda la milicia estadounidense que planea iniciar una guerra contra los soviéticos tras el convencimiento de una conspiración comunista dirigida a fluorizar el agua; para ello ordena detonar una bomba cuyo blindaje de códigos confiere el fin de la humanidad. Peter Sellers, en una cátedra de su enorme talento histriónico, interpreta al hilarante Dr. Strangelove, un ex científico nazi que asesora al presidente de Estados Unidos sobre la disolución de la bomba y el vano efecto que tendría dicho armamento en su misiva, que sugiere un escondite de selección natural para prodigar la vida. Sellers interpreta a otros dos personajes, Markin Muffley, presidente de Estados Unidos y el capitán Lionel Mandrake, miembro de la británica Royal Air Force, que busca afanosamente dar aviso y desactivar lo imposible; el resultado, el jaripeo monumental de un debutante James Earl Jones sobre el misil que avanza más rápido que la histeria de George C. Scott en su extraordinario papel del general Turgidson. Un consejo de guerra que debate, discute y no acuerda, una histeria colectiva que invade los temores del planeta que pende de un hilo, y el asombro del propio Dr. Strangelove que por tanta atención al movimiento intempestivo de su brazo derecho, no cae en la cuenta de que puede caminar como camina la humanidad hacia su extinción.

 

Violencia

LA NARANJA MECÁNICA (A Clockwork Orange) 1971

Adaptación de la homóloga publicada por Anthony Burgess, La naranja mecánica es una de las películas más provocadoras, rebeldes y originales que la cinematografía ha presentado en sus más de 100 años de fundación. Malcom McDowell interpreta a Alex de Large, un joven delincuente que representa a toda una generación perdida y en búsqueda, a una generación que habita la guerra fría, la guerra de Vietnam y el advenimiento del capital como punto decisivo de las divisiones sociales en el mundo consecuente del totalitarismo político que sólo ha sido sustituido por un sistema que se transforma. La simpatía por el mal, el carisma del atroz criminal, las vejaciones a las élites, a los méndigos y en síntesis a los inocentes en un debate filosófico y socioeconómico, construyen desde un lenguaje propio, una crítica sistémica y estructural donde los colegios no son una opción, las diferencias clasistas son más hondas y la libertad es condicional a la autoridad, que en su conjunto definen a una de las obras maestras más estudiadas de la historia.

Un caló dialectal que unifica criterios y pertenencias, una mirada distópica del fin del milenio vista desde 1971, es la óptica que Kubrick presenta para jugar visualmente con símbolos y significados que resultan ambiguos de libertad y libertinaje, duales de ética y moral, y que disciernen entre el existencialismo y la determinación, entre el castigo y la restitución. Alex es apresado tras los delitos cometidos junto a sus “drugos” y es obligado a experimentar en cautiverio la técnica psicológica conductista; así presencia los horrores vividos a causa de la crueldad y la violencia, mientras un artefacto le abre los ojos y se adentra en sus sentidos a través de imágenes que simbolizan la ausencia de límites o que coaccionan su obligatoriedad como una impronta. Al ritmo de la novena sinfonía de Beethoven y al macabro compás de “Cantando bajo la lluvia”, la violencia es presentada como causa y consecuencia, como producto de una sociedad maniatada, donde fe, religión y confianza han subyugado al libre albedrío. Al tiempo, explora la naturaleza humana desde la pérdida y el duelo de vínculos sociales por la falta de diálogo. La marginación y la ira van de la mano, la venganza es un efecto y el castigo una secuela, el ciclo del control será continuo, la dicotomía entre el mal y el bien habitan la condición humana.

 

Existencia

2001: ODISEA DEL ESPACIO (2001: A Space Odyssey) 1969

Una sinfonía de imagen y silencio, de imagen y música, de imágenes y símbolos, un viaje a través del tiempo, un atisbo al origen, una serie de preguntas perennes que no responden el sentido y significado de la existencia pero que invitan a reflexionar sobre ella, son algunas descripciones que pudieran acompasar la definitiva obra maestra de Stanley Kubrick. Basada en el relato “El centinela”, de Arthur C. Clarke, 2001: Odisea del Espacio es una poesía visual que devora los sentidos e invita a recorrer su caleidoscopio de emociones y aliento. Pletórica de cavilación filosófica que incluye índices alegóricos a Friedrich Nietzsche, la película referencia las pautas musicales de Richard Strauss con Así habló Zaratustra, aunada a las notas de Johann Strauss Jr. en la representación que semeja la asunción del hombre hacia su asidero. Un salto cuántico sin espacio y tiempo, donde pasado, presente y futuro coexisten en el universo paralelo de la evolución, la tecnología, la inteligencia artificial, la vida extraterrestre y el regreso del ser humano al origen de la vida y la creación.

Filmada en 1968, la cinta es una proeza de efectos visuales que irónicamente dieron a Kubrick su único premio Óscar, y que han generado teorías sobre la participación del director en una supuesta filmación de la llegada del hombre a la Luna en 1969. La épica seduce a la audiencia desde un imaginario científico y sensorial, presentando una mirada del espacio que resulta sorprendente; no obstante, lo que más impacta de 2001 es su propuesta filosófica, naturalista y humanista desde diversos enfoques reflexivos y metafísicos. Situada en 1999, año en que casualmente morirá el director, 2001 es una oda al tiempo, al ser humano, al espacio y su infinito. “El hombre es el lobo del hombre” dicta Thomas Hobbes y Frankenstein de Mary Shelley representa al hombre que se asume como dios y crea; así Hall 9000, la máquina que calcula y planea eliminar a la tripulación del Discovery 1 con dirección a Júpiter, interactúa con Bowman, astronauta al que inquiere, advierte y amenaza. La asimilación existencial percibe la aparición atemporal de un monolito, no como un acontecimiento del entorno, no como parte del descubrimiento intrínseco de la aventura y la exploración, sino del amanecer como un misterio, como esa necesaria capacidad de asombro que necesitamos los seres humanos ante la inextricable inmensidad del universo.

 

* Iván Uriel Atanacio Medellín. Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas El surco y El Ítamo, que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades a nivel internacional. Dirigió los documentales La voz humana y Día de descanso. Es Director Editorial de Filmakersmovie.com.

Kubrick es un referente fundacional de la cinematografía, admirado, reconocido, incomprendido, idolatrado y estudiado por realizadores, críticos y cinéfilos a nivel mundial

Referente fundacional de la cinematografía, admirado, reconocido, incomprendido, idolatrado y estudiado por realizadores, críticos y cinéfilos a nivel mundial, Stanley Kubrick irrumpió el séptimo arte desde sus primeros cortometrajes a principios de los años 50 hasta su última cinta, estrenada en la antesala del nuevo milenio. Debido a su meticuloso proceso selectivo de obras literarias para su adaptación, así como al perfeccionismo de su entorno creativo, durante 5 décadas dirigió sólo 13 películas. Cada escena, cada minuto, cada cuadro están supervisados por su óptica, por sus sentidos y por su arte, el arte definitivo de un maestro consumado que ha influenciado a diferentes generaciones de realizadores alrededor del mundo.

Para el presente DECÁLOGO, catalogar un sumario fílmico de Kubrick conllevó la subjetividad del gusto y la percepción del ánimo por seleccionar 10 de las obras maestras del enigmático director, no desde un numeral clasificatorio, sino desde algunos conceptos expresados en ellas. Luego entonces, con el atrevimiento que nos permiten la especulación y el apego, presentamos a continuación 10 películas-10 conceptos del maestro neoyorquino nacido en 1928 y cuya trayectoria cubriera la segunda mitad del siglo XX. Kubrick apela a la provocación temática y a una sintaxis contemplativa que describe las acciones sin juzgar más allá del comportamiento de sus personajes. Su genuina estructura narrativa transita diversos géneros con precisión e independencia, thrillers policíacos y psicológicos, dramas bélicos y sociales, aborda los prejuicios y complejos humanos, los mitos, el horror, la historia y la ciencia ficción. Su corolario visual y fondo musical clásicos brindan sentido estético a su obra, epifanías que ofrecen meditación, asombro y misterio, que provocan, perturban y vinculan símbolos y significados agnósticos, que se muestran tanto inextricables como pedagógicos, y que sitúan debates ético-morales, conflictos de fe y divinidad, las leyes, la ambición, el poder, la reflexión del espacio-tiempo y su devenir histórico.

 

El mal

El RESPLANDOR (The Shining) 1980

En El resplandor Stanley Kubrick aborda la dualidad como una suerte de posibilidad infinita, intrínseca y perenne de la condición humana. Adaptación de la novela homónima publicada en 1977 por Stephen King, la cinta explora desde el thriller psicológico y a su vez desde el horror, los trastornos de personalidad de su protagonista, Jack Torrance, interpretado por Jack Nicholson, un escritor que batalla con su escritura y en cuyo aciago proceso creativo acepta un puesto como vigía de un hotel solitario a la vera del invierno. Los juegos de la mente, el insomnio de la intranquilidad, la incertidumbre de su ausente creatividad, el aislamiento de pasillos y habitaciones vacías a las faldas de nevadas montañas, conviven con fantasmas, alucinaciones, fenómenos sobrenaturales, apariciones y los dejos de muerte, que recurren en torno de un edificio construido sobre un cementerio y que parece tener vida en una dimensión alterna de la propia realidad. Estas vicisitudes terminan por afectar a Wendy, esposa de Jack, y a su pequeño hijo Danny, caracterizados por Shelley Duvall y Danny Lloyd respectivamente.

La protección a una familia que se vuelve en el ataque de lo querido, la persecución del temor a lo desconocido desde la infancia tras las ruedas de un triciclo, los símbolos a rojo y blanco en colorido significativo de la naturaleza que habita en el paisaje y la sangre de sus protagonistas, sacuden a torrentes las históricas huellas de un territorio que atestiguó el exterminio de nativos americanos, de guardias suicidas y asesinos. En el hotel emerge la presencia del mal que convierte la ausente inspiración del escritor, su escape del alcoholismo y la búsqueda de sustento del propio Jack, en una lucha por la supervivencia. Las premoniciones que Danny hace sobre el devenir, dubitan los laberintos de una palabra que resplandece y que aterroriza como aterroriza no poder pronunciar las emociones y experiencias extrasensoriales, que se detienen en la boca como si el mal se apoderase de la expresión que se plasma en una frase icónica que grafica al sonido, el legado de esta cinta: “¡Aquí está Johnny!”.

 

Memoria

CARA DE GUERRA (Full Metal Jacket) 1987

Si Francis Ford Coppola con Apocalypse Now (1979) abordó el horror de Vietnam y Michael Cimino la desesperanza a destino en The Deer Hunter (1978), Kubrick explorará en la siguiente década la deshumanización, la pérdida de la cordura y la indolencia de quienes transitan del ideal a la supervivencia y de la supervivencia por la sinrazón de la guerra. Así, a diferencia de las cintas anteriores y mientras el entorno político buscaba olvidar el pasado, Kubrick, por el contrario, se suma a Oliver Stone, quien con Platton (1986) y Born In The Fourth Of July (1989) se adentró a la interioridad desde los contextos que ha dejado Vietnam en los bandos sin tregua. En Cara de guerra, Kubrick describe la guerra que habita en las mentes de los soldados antes y después del conflicto, sacude las conciencias, avista la crudeza del abandono a través de la motivación bélica narrada por James “Joker” Davis, un soldado vuelto corresponsal personificado por Matthew Modine, y las vicisitudes del regimiento que pasa del entrenamiento estricto al despiadado campo de guerra.

La cinta aborda el drama, la comedia y la tragedia desde el entrenamiento mismo encarnado por R. Lee Ermey en su papel del sargento Hartman, hasta las vivencias de quienes atestiguan el rostro de los nacidos para matar en el campo de batalla. En los soldados habitará la heredad que ha dejado la culpa del suicidio del débil cabo Leonard, en una magistral actuación de Vincent D’Onofrio. Kubrick describe el dolor de la muerte en la adaptación de la novela The Short Timers de Gustav Hasford, y lo hace desde la contemplación que advierte la pérdida de valores, principios, creencias del nihilismo en contraposición al existencialismo en un soliloquio filosófico, que reprime la autoridad que le da sentido a la milicia y que busca ganar a beneficio de un sistema. Los remordimientos en los soldados se vierten sobre las ruinas de quienes no sienten culpa, de los indolentes ante el humo de cuerpos incinerados y campos quemados por la pólvora. Es la pérdida de la inocencia de una generación que ve a niños resguardarse en el regazo de sus madres, que se resignan a un contexto devastador. Kubrick asume esa mirada de los mil metros que pierde el miedo ante la muerte anegada en la memoria.

 

Traición   

CASTA DE MALDITOS (The Killing) 1957

La década de los años 40 produjo sendas obras maestras del cine noir, algunas de ellas dirigidas por realizadores estadounidenses, Double Indemnity (1944) de Billy Wilder, The Maltese Malcon (1941) de John Houston, quienes legaron, junto a otras cintas, elementos clave para definir el género. De esta forma, la trama, el delito, la noche, el instinto, la estrategia, la tragedia y el misterio, la influencia, condición social, la ambición y la avaricia, la lealtad y las traiciones, forman en la suma, una gama de posibilidades por cometer el crimen perfecto, escapar del castigo y asumir la culpa ante el botín como motivo, como podemos atender en Sweat Smell of Success de Alexander Mackendrick (1957).

En Casta de malditos Sterling Hayden interpreta a Johnny, un exconvicto que ha dedicado el tiempo tras las rejas a planear meticulosamente cada detalle de lo que será no su escape, sino su siguiente golpe tras el encierro. Cada detalle forma parte de su instinto, cada pensamiento lleva la consecución del propósito y la evaluación de quienes serán sus cómplices, y es ahí, en la lealtad y la traición de la complicidad asumida, donde Kubrick explora la condición humana desde la avaricia, la revancha y la ambición, sumadas al romance y a una crítica social que justifica a los compinches de Jhonny.

Gente común que desea una mejor condición social, que aspira, manipula y no duda en acercarse a la tragedia. Adaptación de la novela Clean Break, escrita por Lionel White, Casta de malditos se adentra al mundo nocturno de la ciudad, sus vicios y tentaciones desde la apuesta que reina en un hipódromo donde afloran la necesidad vital, los celos, la confusión y el imprevisto que da sentido al azar que pudiera trazarse como una aleatoria pista de 2 millas a galope. La moraleja delegada de la objetividad del director a la subjetividad del espectador, la lección, el pudor y la culpa, conviven en una cinta que deja la confianza en la escala de grises de la bella fotografía en blanco y negro de Lucien Ballard.

 

Honor

SENDEROS DE GLORIA (Paths of Glory) (1957)

Si Cara de Guerra aborda la indolencia deshumanizante del conflicto armado en Vietnam en 1967, Senderos de gloria reviste el ideal del honor, del deber ser y de la ética, inspirada en sucesos de la primera guerra mundial. Ambientada en 1916, la película protagonizada por Kirk Douglas como el coronel Dax presenta las diatribas conductuales del ejército francés, mediante el juicio que se hace de un grupo de soldados como castigo por no acometer al ejército alemán, en lo que para ellos significaba un ataque suicida ante el enemigo. No acatar una orden puede conllevarles el fusilamiento como castigo, no obstante los acusados hayan sido elegidos a discreción del azar. Kubrick muestra la denuncia de una pena pretendida ante el individuo que representa a un colectivo que ha desobedecido y que acorde al Consejo de Guerra, merece la corte marcial. La acusación expuesta, la cobardía como afrenta ante el enemigo y la delegación de la derrota en el incierto y fortuito ataque, hacen de la cinta de Kubrick un análisis de situación que deriva el discernimiento como una resolución puntual del deber ser ante la razón a desobediencia.

A reserva de que el debate pudiese generar polémica y un revisionismo histórico, lo cierto es que centra, a 1 década del fin de la segunda guerra mundial, una reflexión profunda de la posibilidad de la guerra desde la paz y desde el heroísmo, que no siempre se muestra al arrojarse al fuego de las armas. Y mientas Kubrick plantea el objeto social de la trama, ofrece una serie de imágenes en movimiento que bien nos acercan al fotógrafo que decidió ser director de cine. La óptica de Senderos de gloria fortalece la senda, los andares, recorrer el entorno a cada paso, en prisa y con pausa, transitar la dubitación de un juicio con sus jueces, acusados y testigos. Los ángulos, acercamientos y el seguimiento del protagonista por las trincheras de combate desde la cámara unen la perspectiva del hombre y su espacio, resultando sus tomas en gestas técnicas que influirán a posteriores cintas bélicas como Hacksaw Ridge (2016) de Mel Gibson, e incluso películas donde la perspectiva del personaje es la misma del espectador como The Wrestler (2008) de Darren Aronofsky; la cámara habita, así, cada secuencia.

 

Ambición

BARRY LYNDON (1975)

Arte desde el asombro, pupilas que deleitan el movimiento de un lienzo, colorido tinte que dibuja un paisaje y plasma una emoción, Barry Lyndon es una obra maestra de la fotografía en cine, una auténtica proeza del arte visual, bella, evocadora. Barry Lyndon, vestida de melancolía, cubierta de satín, es una pieza de poesía narrativa en la óptica de John Alcott desde su plástica al montaje, el mismo genio que hiciera de Overlord (1975) de Stuart Cooper y de 2001: A Space Odyssey (1969) del propio Kubrick, legados cinematográficos captados por la lente y su artista. Al compás de Schubert, Leonard Rosenman y la “Sarabande” compuesta por Georg Friedrich Händel, Kubrick ambienta las aventuras de un casanova, buscavidas, pícaro y buscón irlandés, llevado a escena por Ryan O’Neal en compañía de Marisa Berenson. La guerra de los 7 años funge como corolario para el lucimiento de las luces y sombras del paisaje y sus personajes, claroscuros y contrastes que definen la polisemia de su trama.

Redmond Barry es un héroe, villano, escapista, soldado, espía, cínico, malicioso, oportunista y trotamundos bohemio, capaz de batirse a duelo, de perder una pierna y continuar su búsqueda de fortuna. La ambición de Lyndon es intrínseca desde el mito, la leyenda y el posicionamiento, que se muestra como una aspiración de la audiencia. Barry pierde a un hijo y al tiempo se enemista con quien pudiese serlo, para verter su sangre en cíclicos pasajes históricos resumidos en el duelo. Basada en la novela del siglo XIX escrita por William Thackeray, Barry Lyndon es una de las más bellas postales jamás filmadas en la historia de la cinematografía mundial. El tratamiento de la luz, la óptica de los interiores que muestran formaciones militares, batallas, vestuarios deslumbrantes y coreografías simétricas, se combina con los interiores sobrios, de velas encendidas ante la noche y de la opacidad de un eco estridente. El periplo y las peripecias de Barry permiten explorar en alegoría la codicia y la fatalidad representadas en el ávido viajero, quien audaz, escala posiciones sociales, militares y políticas, y que desde la cumbre, se desliza nuevamente al abandono para volver a empezar mientras orquesta un nuevo duelo, el de su propia ambición.

 

* Iván Uriel Atanacio Medellín. Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas El surco y El Ítamo, que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades a nivel internacional. Dirigió los documentales: La voz humana y Día de descanso. Es Director Editorial de Filmakersmovie.com.