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La lectura es la clave del éxito: 7 consejos para ser un mejor lector

Libros

Por: PijamaSurf - 06/23/2017

Conviértete en un gran lector con estos sencillos consejos que harán de tu experiencia lectora una experiencia aún más constructiva

Se ha repetido millones de veces: leer es la clave del éxito. Un ejemplo de ello son Bill Gates y Elon Musk, quienes dedican grandes cantidades de su tiempo a leer. Musk incluso atribuye su “conocimiento” a la manera en que ordena su repertorio de lecturas, como si construyera una bomba, dice. Por otro lado, existen estudios que han comprobado que leer reduce el estrés, incrementa la concentración y mejora la memoria a corto y a largo plazo. Elon Musk comenta:

Los beneficios de hacer sentadillas con tus músculos lectores son bastante claros. Pero, si leer es tiempo, como profesional de los negocios te digo que eso no embona; porque, cuando los “deadlines” se acercan, es imposible tener tiempo para leer y a la vez mantener la atención para poder recoger los beneficios.

Afortunadamente, expertos de la Harvard Business Review (HBR), entre otras publicaciones, han descubierto algunos trucos para que tu único hábito no sea leer sino que con tu habilidad puedas aumentar radicalmente la cantidad de tiempo que tienes para la lectura, y así recoger sus beneficios.

 

Lee las siguientes siete maneras para mejorar tus hábitos de lectura:

 

Acepta que está bien renunciar

Muchas veces tiendo a abrir un libro y encontrar que me siento incómodo con su lectura o que sus significados se me escapan de las manos, me desbordan. Sin embargo, aun así no me venzo, porque no deseo quedarme en la derrota.

Gretchen Rubin, autora del best seller The Happiness Project, así como los expertos en hábitos de la Harvard Bussines Review encontraron que “los ganadores nunca se vencen”, mentalidad que no te ayudará mucho a leer.

Tal como Rubin señala, renunciar te “brinda más tiempo para leer buenos libros. Mientras menor sea el tiempo de la lectura, más te liberas del sentido de obligación”. Alrededor de 50 mil libros son publicados cada año. ¿Por qué gastar tu tiempo en libros que ni siquiera disfrutas?

Si últimamente no disfrutas una novela, libérate de la culpa y abandónala.

 

Lee en todas partes

Stephen King, autor y gran lector, aconseja leer 5 horas al día, si es que deseas andar sobre tus propios pasos.

La Harvard Bussiness Review hizo mención de los habitos de este escritor: King lee en el camino o en el patio o en la calle. Por ejemplo, él toma su tiempo como si viera un partido de béisbol.

Para un peatón promedio, sería una locura sacar a pasear un libro. Si ellos supieran que ese mismo hábito ayudó a King a vender más de 350 millones de ejemplares de sus obras, probablemente se sentirían inclinados a regalarte un libro de bolsillo la próxima vez.

Tal como señala Neil Pasricha, participante de esta investigación, “hay minutos escondidos en cada esquina y estos agregan minutos al tiempo”. Con esto no estoy diciendo que saques a pasear una novela a la boda de tu hermana, sino que aproveches que tienes la oportunidad de leer en casi cualquier lado.

 

Mantente silencioso

La ciencia ha comprobado que cuando trabajas para una tarea o meta puede ser contraproducente compartir tus intenciones con otros. Tendrás menos oportunidades de éxito.

En un estudio del 2009 se halló que cuando jóvenes estudiantes de psicología ponían por escrito las actividades a realizar en un experimento y se las compartían al sujeto de estudio, éste sentía menos ganas de realizarlas. En el grupo de control que no compartió su lista de actividades previstas con el sujeto de estudio, éstos dedicaron mucho más tiempo a las actividades diseñadas.

Cuando las personas comparten sus metas, pierden la motivación por el trabajo. Por eso, si estas comprometido a leer más libros, pon por escrito tus metas y los pasos para llegar a ello pero no los compartas, quédatelos para ti.

 

Limita las distracciones

Pasricha lo logró mandando la televisión al sótano y colocando el librero al centro y de frente; Neil se inspiró en el experimento del psicólogo Roy Baumeister, “Galleta con chispas de chocolate y rábano”.

En este experimento del hambre, se le pidió a los sujetos resolver un rompecabezas. A unos no se les ofreció comida y a otros, galletas (con la advertencia de no comerlas). Sorprendentemente, el grupo de las galletas fue el primero que se venció, pues habían gastado toda su energía evitando las galletas.

Evita las distracciones innecesarias y construye un entorno propicio para la lectura.

 

Lee libros físicos

El consejo anterior puede aplicar, estupendamente, para favorecer a los libros físicos sobre los e-readers. Toma en cuenta que leer libros físicos puede ayudarte a limitar la distracción y a ganar, en cambio, fuerza de voluntad; todo lo contrario a cuando ocupas un dispositivo conectado a Internet, donde te encuentras otras distracciones como checar tu correo electrónico o el recetario de Pinterest.

Sin embargo, limitar las distracciones es sólo una de las razones que pueden incentivar la lectura de libros físicos contra e-novels. En estos tiempos donde todo el entretenimiento se ha mudado a las pantallas, es bueno refrescar el cerebro sosteniendo un libro entre las manos.

 

Cambia tu mentalidad

Ryan Holiday, estratega de medios y escritor, destaca que cambiar el punto de vista que tienes acerca de leer es la clave para leer más. “Lo que necesitas es dejar de pensar la lectura como algo que tienes que hacer… ésta deviene de manera natural, como respirar o comer lo es para ti. No es algo que haces porque lo sientes, sino porque es un reflejo, un defecto”, nos dice.

Un sueño no se logra deliberando sobre los cómos, sino, más bien, lo específico para llegar a lo exitoso: un deseo bien concebido siempre sucede. Esto lo puedes lograr hoy mismo cambiando tus hábitos. El truco está en desplazar la meta hacia conseguir lo que te propones para ese día, hasta lograr convertir la lectura en un hábito.

 

Busca listas previamente curadas

Decidir causa fatiga, es real. Sin embargo, esto puede devorar tu fuerza de voluntad a la hora de querer adoptar nuevos hábitos de lectura.

Además de esa decisión, también puede devorarte la abrumadora cantidad de nuevos libros que se publican cada año. Tu poder mental decaerá al leer sólo una página. Por ello, es recomendable buscar listas previamente curadas. Puedes comenzar, por ejemplo, con esta de 33 libros para leer antes de los 30 años que publicamos en Pijama Surf, o la lista de 83 libros de Joseph Brodsky para hacer de ti un conversador inteligente.

 

Es muy probable que no podamos leer 500 páginas al día como lo hace Warren Buffett, leer 50 libros en un año como Bill Gates, o devorar libros como comer galletas. No obstante, puedes utilizar estos tips para leer más libros por año, mejorar tu habilidad para absorber información, y así disfrutar los beneficios que sólo la lectura nos puede dar.

 

También en Pijama Surf: ¿Te cuesta mucho leer clásicos de la literatura? Con esta guía definitiva ya ninguno se te resistirá

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Woolf nos lleva por pensamientos y observaciones, diálogos internos, pero sobre todo nos aligera recordándonos: es normal que sientas, ponle nombre.

Las vanguardias de inicios del siglo XX impregnaron todas las artes (y las artes se impregnaron mutuamente, todas). En la literatura, personajes como James Joyce o Marcel Proust hicieron eco del monólogo interno, ese al que ya nos había acercado Dostoyevski en Crimen y castigo, aunque en tercera persona.

Como un resurgimiento de la importancia de lo que ocurre allí dentro (como fugaz renacimiento del romanticismo) estos autores reivindicaron el valor de la percepción de cada uno, que confiere un ángulo distinto, y entender parte del mosaico perceptual es imprescindible. En esta tradición literaria, aparece como parte del modernismo de inicios de siglo Virginia Woolf.

Sin ningún tipo de complejo de género por los roles asignados (y parecer sentimental), Woolf irrumpió para decirnos: las emociones importan, mucho, muchísimo, son como el segundo velo en el proceso perceptivo, incluso, muchas veces, antes quizá que la razón. En Al faro y Las olas, dos novelas extremadamente visuales a pesar de no suceder mucho en la trama (siguiendo la tendencia modernista) Woolf nos enseña a darle su lugar a las emociones; independientemente de que las bloqueemos, neguemos o aceptemos, siempre llegarán a presentarse para platicarnos sobre nuestra personalidad en el complejo y hermoso proceso de percepción del mundo.

La extraordinaria habilidad de Woolf para ponerle palabras a eso que el personaje siente es asombrosa, y hace que uno se sienta acompañado y encuentre la sana normalidad en el mundo de las emociones. Es como si uno percibiera, sintiera, y luego pensara, contrario al proceso de percepción donde la información se procesa inmediatamente por medio de la razón.

Woolf nos anima y nos hace entender que las emociones tienen derecho a su lugar y a que luego ahondemos en ellas (quizá escribiendo para nosotros mismos), con el fin de acercarnos a entendernos a nosotros mismos, pues, de cualquier modo, siempre es esto lo que estamos haciendo.

Ciertamente no hay razón para entregarse a las emociones del todo, ya que siempre hay que volver al presente, pero es cierto que en esta época en que se nos invita (obliga) incansablemente a estar alegres, quizá sea tiempo de dejar de sentirnos anormales por sentir otras emociones (incluso sanas para la psique, por cierto).

Woolf nos invita a verlas de frente, a comprender por qué están ahí, y nos devuelve los colores de cada día pasando por sus luces, sombras, y hermosa variedad cromática:

El señor Ramsey los miraba enfadado. Era una mirada colérica, pero no los veía. Eso los hizo sentirse vagamente incómodos. Habían visto juntos algo que se supone que no deberían haber visto. Habían invadido la intimidad de alguien. Y eso obligó al señor Bankes a decir casi a continuación que estaba sintiendo frío, y le propuso que fueran a dar un paseo, pero Lily pensó que se trataba de una excusa para irse, para alejarse donde no se oyera nadie. Sí, aceptó, pero le costó separar la mirada del cuadro.

(Al Faro)

 

Veo un anillo suspendido encima de mí–dijo Bernardo. […] Veo un charco amarillo pálido–dijo Susana […] Oigo un ruido–dijo Rhoda, pero el ruido de la aldaba que ha sido quitada a la puerta del servicio los ha hecho volar, dispersados como una flecha de semillas.

(Las olas)

 

En el intercambio con los otros, ¿no estamos siempre decodificando nuestras emociones y las del receptor? En este mundo que invita a la simulación de la perfección, volvamos al presente, y demos su nombre a las emociones para comprender más la personalidad de uno, inacabable, siempre en formación, y siempre dispuesta a expandirse cuando vuelve al ahora.

 

Twitter de la autora: @AnaPauladelaTD